miércoles, 8 de agosto de 2007

Agustín Yanes Valer


Agustín Yanes Valer nació en La Habana, Cuba, el 26 de febrero de 1929, hijo de padres españoles, que regresaron a Tenerife (Islas Canarias) cuando el niño tenía siete meses. A los cinco años tuvo una enfermedad infecciosa y quedó sordo. A los siete años, como señalaba la ley le llevaron al colegio del pueblo, y el maestro, teniendo en cuenta su sordera, le sentaba en su mesa para que pudiera entenderle. Eso suponía un gran esfuerzo, pero él quería aprender y se pasaba las horas leyendo libros que le prestaba el maestro. Terminó la escolarización y le pusieron a trabajar en el comercio de un tío, pero por las tardes asistía a clases particulares, y así pudo terminar el bachillerato superior.

En su familia hubo varios sacerdotes, y cuando Agustín tenía once años, al saber que uno de sus primos ingresaba en el Seminario diocesano, él también quiso ingresar, y fue con su madre a hablar con el párroco, pero el cura del pueblo, un buen sacerdote que siempre le acogió con cariño y le animó, le dijo que no era posible debido a su sordera. A los catorce años de edad se celebraron en los pueblos de Tenerife una misiones populares, y volvió a surgir en él la idea del sacerdocio, pero los padres jesuitas que daban la misión le hicieron ver la imposibilidad debido a que no oía. A partir de ese momento, tuvo contacto con franciscanos, jesuitas, escolapios, y en todas las puertas donde llamó se las cerraron con una negativa.

Leyó un libro que vendían los misioneros, titulado: «El drama de Jesús», y su lectura le entusiasmó tanto que lo leía una y otra vez, pero le cambiaba el forro para que sus hermanos no le dijeran que siempre estaba leyendo el mismo libro.

A los 27 años viajó a Madrid con la intención de operarse los oídos y poder ingresar en el Seminario, pero la operación fue un fracaso, sin embargo, allí tuvo la posibilidad de encontrarse con un colegio de niños sordos, de la Acción Católica de Sordomudos, algo que desconocía, y se ofreció para ayudar a esos niños. Dentro de ese ambiente, y viendo la orfandad de los sordos, en cuanto a atención religiosa, se le encendió de nuevo la idea del sacerdocio. Ingresó en la Facultad de Bellas Artes, en donde estuvo seis años y se licenció. Coincidió con un grupo de compañeros de curso, entre los que estaban Kiko Arguello, el futuro fundador de los Neocatecumenales, María Dolores Travesedo, líder de Juventud católica, Ángel Fanlo, miembro del Opus Dei, y un joven sacerdote escolapio, y con esos compañeros se sintió apoyado y animado a perseverar en su idea del sacerdocio.

Terminados los estudios de Bellas Artes, Agustín, como miembro de la Acción Católica de Sordos fue a Valladolid a dar una charla, y conoció al Sr. Arzobispo D. José García Goldáraz, el cual se interesó por su problema y deseos sacerdotales y se ofreció a llevar a la Santa Sede la solicitud. Consiguió las dispensas necesarias, pues concluido el Concilio Vaticano II, ya la sordera no era impedimento para poder ser sacerdote. Su alegría fue inmensa, y vino a Tenerife para comunicarle la noticia a su familia.

Con las autorizaciones concedidas en Roma, visitó el Seminario de Tenerife, pues tenía la intención de estudiar en su tierra la carrera sacerdotal, y ¡todo el gozo en un pozo! Un superior del seminario le dijo: "Todo eso está muy bien, ¡pero la diócesis de Tenerife no lo necesita para nada!". Agustín se hundió y fue buscando apoyo en D. Cristóbal, el viejo párroco del pueblo, el cual le animó a estudiar en Valladolid, cuyo Arzobispo le acogió con los brazos abiertos. Allí ingresó en el seminario a los 33 años y estudió Filosofía y Teología, encontrando muy buena acogida y profesores que se ofrecieron para darle clases particulares. Agustín daba clase de dibujo a los seminaristas. D. Emilio Álvarez, Deán de la Catedral, fue el gran protector de Agustín. Se ordenó el 30 de Abril de 1967 en la catedral de Valladolid y celebró su Primera Misa en la Iglesia de San Francisco el Grande, en Madrid, ante una multitud de personas sordas llegadas de toda España, Portugal y Latinoamérica. Se hizo profesor de Educación Especial y trabajó en el colegio «La Purísima», en Madrid, cuya Congregación de Franciscanas siempre le ayudó y animó.

Ha visitado treinta y tres veces países de Latinoamérica y muchos de Europa, en labor Pastoral con las personas sordas. En reconocimiento a su labor en el mundo del sordo, la Universidad de Sordos «Gallaudet» de Washington, le concedió el doctorado honoris causa en letras y humanidades.

Ha sido cofundador de la Residencia de Ancianos sordos «Santa María del Silencio, en Cubas de la Sagra, Madrid, de la A.S.P.A.S, (Asociación de Padres y amigos del sordo) de PROAS, (Patronato de promoción y asistencia al sordo) y de la revista «Evangelizar» de Pastoral del sordo y ha publicado varios libros de catequesis y educación especial. Actualmente es Director Honorífico y Emerito de la Pastoral del Sordo de la Conferencia Episcopal Española y reside en Tenerife, en donde está encargado de la atención Pastoral de las personas sordas como delegado diocesano.